Artrosis y artritis no son lo mismo. ¿Lo sabías? Se trata de dos enfermedades reumáticas diferentes. En este post queremos ver los síntomas principales de cada una de ellas.
Ambas producen dolor, afectan a una o a varias articulaciones y son más comunes entre las mujeres. De todos modos, son enfermedades bien diferentes, con consecuencias también muy distintas.
Empezamos por la artritis. Es una inflamación que afecta a la membrana sinovial. La función del líquido sinovial es lubricar pero, cuando alguien padece esta afección, este se esparce por la articulación y no es reabsorbido. Esto ocasiona una erosión del hueso y del cartílago constante. La patología puede ser crónica y venir derivada de otras enfermedades. Está vinculada con otras alteraciones como la artritis reumatoide, la psoriásica, la infecciosa o la gota.
Por su parte, la artrosis es un proceso degenerativo crónico que afecta al cartílago, almohadilla que hay entre los huesos de la articulación y que posibilita que no se rocen. Con el paso del tiempo, ese cartílago desaparece y el roce se da entre huesos directamente. Esto produce mucho dolor y una pérdida de flexibilidad de las articulaciones.
Las causas de estas enfermedades reumáticas
La artritis puede deberse a varias causas. Por ejemplo, infecciones derivadas de gérmenes, traumatismos tras golpes fuertes, enfermedades autoinmunes como artritis reumatoide o depósitos de cristales acumulados en la membrana sinovial.
La artrosis suele estar relacionada con el envejecimiento y es más común a partir de los 40 años. Otras cuestiones como la obesidad o el sobreesfuerzo de la articulación también tienen que ver.
Los síntomas
Todo depende del tipo de artritis al que nos enfrentemos. La de tipo reumatoide afecta más a las muñecas y los dedos de las manos. Por su parte, la gota ataca más a pies, tobillos y rodillas. La artrosis se localiza más que nada en manos, rodillas, caderas, columna y pies.
El dolor también aparece de forma diferente. Con la artritis suele ser constante pero con la artrosis aumenta al mover la articulación y se reduce al estar en reposo.
En la artritis las articulaciones están calientes, rojas e hinchadas y pueden deformarse. Por otro lado, en el caso de la artrosis las articulaciones crujen cuando se mueven y en las fases avanzadas se deforman y pierden movilidad.
Otra diferencia entre las dos enfermedades es que muchas clases de artritis vienen de la mano de una pérdida de peso, cansancio y fiebre. En cambio, la artrosis tan solo afecta a las articulaciones.
El diagnóstico
No existen pruebas específicas que permitan diagnosticar un cuadro de artritis. En las enfermedades reumáticas todo varía en función del tipo de inflamación. En ocasiones hacen falta varias pruebas para obtener un diagnóstico certero. Por ejemplo, un análisis de sangre o del líquido de la articulación inflamada.
En cambio, la artrosis se diagnostica por sus síntomas y a través de una exploración física. Aunque la radiografía es de gran ayuda, lo esencial será el cuadro clínico.
El tratamiento
Lo básico en los tratamientos de la artritis son los antiinflamatorios y guardar reposo. En la de tipo infeccioso se usan antibióticos y en la artritis reumatoide y la psoriásica corticoides o fármacos antirreumáticos.
En cambio, la artrosis no tiene cura y los tratamientos están enfocados a minimizar el dolor y mejorar la movilidad y la función de las articulaciones. Es vital mantenerse en un peso adecuado y hacer ejercicio físico adaptado para que mejore la condición de la articulación afectada. En el caso de la rodilla, son perfectos los ejercicios de bajo impacto como nadar o caminar. Aunque no haya tratamiento farmacológico para la artrosis, para tratar el dolor se puede echar mano de analgésicos como el paracetamol y antiinflamatorios como el ibuprofeno. Un diagnóstico precoz siempre ayudará a tomar medidas antes de que la enfermedad avance de forma significativa.